Naturwissenschaften

Friday, September 30, 2005

El Mono Choro de Cola Amarilla

Caminando por las trochas del Parque Nacional del Río Abiseo tenemos la percepción de seres invisibles que miran desde la espesura. Ojeando hacia arriba de pronto notamos la presencia silenciosa de un racimo de lanudos seres que observan desde el enrejado verde.
Así como las ruinas de la civilización Abiseo (constructores del Gran Pajatén), que aparecen inesperadamente a la vuelta de un recodo, semiescondidos por la maraña de exhuberante vegetación, estos animales callados son también una relíquia peruana.
Hasta 1974 ningún científico había visto vivo a un choro de cola amarilla, el mayor mono endémico del Perú. El Lagothrix flavicauda sólo había sido descrito por algunos científicos –entre ellos Von Humboldt, en 1802- en base a cueros de animales muertos, encontrados en la zona alta norte de nuestra selva.

Desde 1926 nada más se supo sobre esta especie, considerándosele extinto para siempre, hasta que casi 50 años después fue redescubierto por una expedición compuesta por Russel Mittermeier, conocido primatólogo norteamericano; el Dr. Hernando de Macedo, director del Departemento de Ornitología y Mamología del Museo de Historia Natural de Lima; y Anthony Luscombe.

Internandose por las montañas de ceja de selva al este de Chachapoyas, departamento de Amazonas, los expedicionarios encontraron al principio sólo pieles y cabezas de monos muertos. Sin embargo se enteraron que los cazadores mataban regularmente a estos monos para comercializar su carne (conocidos como “mitayeros”, son contratados para proveer de alimentos a guarniciones militares y obreros empleados en la construcción de carreteras). Y finalmente, encontraron a un joven “coliamarillo” vivo, que era mascota de un soldado.
Sensación en todo el Mundo

El redescubrimiento de este primate, cuyo hábitat consiste en una parte reducida del “bosque de neblina” en los departamentos de San Martín y Amazonas, causó sensación en los círculos de la conservación y de la zoología en todo el mundo.
En 1982, Mariella Leo Luna, bióloga egresada de la Universidad Nacional Agraria La Molina, remcorrió las escarpadas y remotas pendientes de diversas zonas del “bosque de neblina” en el norte peruano, a fin de determinar el hábitat de esta especie peruana en grave peligro de extinción, así como de otros animales que corren similar suerte.
El objetivo era encontrar las zonas con mayor cantidad de fauna endémica que ofrecieran las mejores posibilidades para ser constituídas en zonas de protección de la flora y fauna.
Además, la ceja de la selva, región de características muy complejas, contiene una de las floras más ricas en especies en todo el planeta.

El caso es que, según estudios de la Oficina Nacional de Evaluación de Recursos Naturales (ONERN), gran parte de esta región, debido a sus fuertes pendientes, está clasificada como Bosque de Protección, osea no apta para ningún tipo de explotación. La gran cantidad de lluvias la hacen proclive a la erosión, lo cual, a su vez, pone en peligro extensas zonas ya habitadas en la selva baja, por la posibilidad de crecientes excesivas de los ríos.

Parte de la ceja de selva, sobre todo en el norte, es conocida como “bosque de neblina” y se encuentra entre los 1700 y 3000 metros sobre el nivel del mar. De clima muy húmedo y frecuentemente frío en sus partes más altas, se caracteriza por constantes neblinas que la cubren con un velo impenetrable. Sin embargo, ni estas dificiles condiciones la salvan de la inútil depredación.

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